El dolor pélvico crónico (DPC) es una condición compleja y multifactorial que afecta tanto a hombres como a mujeres, afectando significativamente a la calidad de vida. Su prevalencia en mujeres adultas se estima entre el 6% y el 27%, frecuentemente acompañado de síntomas urinarios, gastrointestinales, sexuales y musculoesqueléticos, así como ansiedad y depresión.
La estimulación del nervio tibial posterior (PTNS/TTNS) ha emergido como una técnica de neuromodulación de bajo costo, mínimamente invasiva y segura en este complejo panorama clínico. El nervio tibial posterior, originario de L4–S3, proporciona una puerta anatómica única para modular vías vesicales y pudendas mediante estimulación percutánea o transcutánea a nivel retromalleolar.
Desde una perspectiva neurofisiológica, la estimulación del nervio tibial se respalda en la teoría del control del dolor, activando fibras aferentes de gran diámetro que inhiben la transmisión nociceptiva a niveles espinal y supraspinal. Este mecanismo es particularmente relevante en DPC, donde la sensibilización central está frecuentemente presente.
Evidencia reciente sugiere beneficio clínico, especialmente cuando la estimulación se integra en un enfoque multimodal. En prostatitis crónica/síndrome de dolor pélvico crónico (CP/CPPS), los datos comparativos indican que PTNS percutánea proporciona mayores mejoras en dolor y calidad de vida que TTNS transcutánea. En cistitis intersticial/síndrome de vejiga dolorosa (IC/BPS), estudios piloto y observacionales reportan mejoras en dolor y síntomas urinarios, aunque limitaciones metodológicas persisten.
Notablemente, la evidencia más fuerte actualmente proviene de ensayos controlados aleatorizados de TTNS en dismenorrea primaria, mostrando reducciones significativas en intensidad del dolor y consumo de AINE después de aproximadamente 12 sesiones semanales de 30 minutos.
En general, la estimulación del nervio tibial destaca por su excelente perfil de seguridad, facilidad de implementación y compatibilidad con otras terapias. Aunque aún no está respaldada por ensayos grandes y definitivos enfocados en dolor como resultado primario, representa una opción neuromodulatoria prometedora para pacientes seleccionados con dolor pélvico crónico.
Dra. Öznur Buran
